La ciudad
Es la ciudad el enjambre del vino
y sobre el pedestal: un ojo seco,
una noche sin miradas ni amigos.
Corre por las calles el eco quieto
lágrimas de alcohol que esconden las horas
y un sollozo, al que no mueve el viento.
Es la ciudad de las tristes camorras
adonde se mudaron las mentiras,
es así que los mimos también lloran.
Sus fuentes no funcionan todavía
con estas prisas tampoco mañana
todo es inmediato y poco es lozanía.
¡Qué sed sin sed! La que machaca el alma,
sangre pido para los corazones
que las caras ya se tornaron blancas.
¡A liberar! no quedan más cojones
las flores por vena ¿Cuándo es de día?
¡ni tiempo queda ya! revoluciones...
La silueta canta salsa en la mina
el metro se olvidó la poesía.
11 febrero 2006
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